ZONA DE PADRES

Con esto de puentes, vacaciones y demás días festivos los niños andan un poco descontrolados y los padres preocupados por el descontrol, como es normal.

Durante años he estado dando vueltas a esto, y no sé si las conclusiones a las que he llegado serán muy útiles, pero ahí van.

Parece ser que hay niños-gato: esos niños tiene un apego muy marcado a su casa, su territorio, sus cosas, sus juguetes, sus recorridos diarios y sus rutinas. A esos niños las vacaciones les resultan un horror difícil de negociar. No es que no les apetezca estar con su familia…pero no les gustan los cambios. Para nada.

Si esta descripción cuadra con tu hijo, para evitar que ese momento tan esperado se convierta en un drama, puedes intentar algunas ‘tretas’:

  • Cambia poco a poco los horarios antes de que lleguen las vacaciones. Si normalmente coméis a las 12:30 y en vacaciones de pronto pasáis a comer a las 14:30 no esperes que tu hij@ se contente el primer día con este cambio…o tienes un tentempié gigantesco preparado a las 12:30 o dos semanas antes empiezas a retrasar la hora de la comida 10 mins cada día…o atente a las consecuencias.
  • Llévate contigo los objetos de casa a los que tu hij@ esté más apegado/a. Obviamente si ese objeto es la lavadora intenta negociar otro…pero tener algo de casa que sienta cercano le dará seguridad.
  • No le cuentes todo lo que va a pasar desde un mes antes. Ya sé que a ti te apetece muchísimo eso de ir a otro sitio y viajar, pero a tu hij@ gato no le hace mucha gracia, y si se lo dices el día antes estará nervioso un día, si se lo dices un mes antes estará nervioso treinta días…y tampoco le aporta mucho.

También puede darse el caso de que tu hij@ sea un niñ@ -perro:

A tu hij@/perro le da igual irse al fin del mundo, si tú vas también. No le importan los cambios (no quiere decir que no le den miedo, pero los negocia mejor) si su familia está al lado. Espera las vacaciones o el tiempo libre con anticipación y son más flexibles al cambio de rutina.

Para esos niños yo aconsejaría:

  • El hecho de que tu niño sea flexible no quiere decir que debas aprovecharte en exceso de ello. Bien está que un día le alteres el ritmo de sueño o de comida porque cuadra mejor con el plan vacacional, pero no te extrañes si al hacerlo más de una vez te encuentras con un niño irritable, malhumorado o con rabietas. Intenta mantener dentro de lo posible el ritmo ‘normal’, y si se lo alteras establece un ritmo para las vacaciones y respétalo dentro de lo posible.
  • A tu niño perro sí que puedes contarle con pelos y señales lo que vais a hacer juntos, invéntate historias y hazle partícipe de tu entusiasmo. Soñará contigo y disfrutará haciéndolo, pero…
  • La vuelta a la ‘realidad’ será para tu niño perro más dura que para otros. Se acabó lo bueno, volverá a una rutina en la que pasará menos tiempo contigo…así que te toca volver a ilusionarle contándole las bondades de la vida cotidiana (aunque tú sufras el síndrome post-vacacional hay que hacer de tripas corazón y convencer al pequeñ@ de que volver a la vida diaria es lo mejor de lo mejor).